Es una frase peligrosa porque algunas veces se usa para dejar claro que la otra persona no puede opinar. 

Pero sí, también tiene su parte de verdad

Es lo que me ha pasado a mí hace poco.

Yo siempre he defendido (y sigo haciéndolo) la donación de órganos y cualquier cosa que se pueda aprovechar cuando mueres.

Me parece una manera preciosa de ayudar a otras personas.

Es un último regalo muy fácil de hacer porque lo das todo, pero no te cuesta nada.

Pero ahora lo comprendo mejor, porque me ha tocado vivirlo de cerca.

En el momento que te dicen que tu padre necesita un hígado nuevo para seguir viviendo, entiendes la magnitud de la situación, todo lo que significa.

No voy a hablar de la experiencia de esperar ese trasplante, cualquier historia que suponga pasar por el hospital es tan intensa como dolorosa.

Pero sí de cómo ha cambiado mi perspectiva sobre la donación de órganos.

Una perspectiva diferente

No ha cambiado para mal, tampoco para bien, sólo se ha hecho más... profunda, y compleja.

Todo empezó cuando acribillé al médico a preguntas.

De entre todas, le hice una muy simple:

 - ¿Cuánto puede tardar en llegar un hígado para mi padre?

Es una pregunta que no parecía muy útil, al fin y al cabo es cuestión de esperar, los órganos se van trasplantado según llegan.

Sólo quería saber una estimación, pero su respuesta me impresionó:

 - El hígado de tu padre está ahora mismo andando por la calle.

Es una obviedad, sí, pero cuando estás en esta situación... esa frase te cambia.

Cuando salí a la calle, ya no veía a personas, veía hígados sanos moviéndose.

Suena macabro, pero caí en la cuenta de que cualquiera de estos hígados podría ser el que le pusieran a mi padre unos días después.

¡Podría ser incluso el mío!

En ese momento también me sentí mal conmigo mismo.

Es la única vez que le he deseado la muerte a una persona.

No era por maldad, simplemente sabía que la salvación de mi padre suponía la muerte de otra, a ser posible joven y sana.

Después hice las paces conmigo mismo, entendí que la vida es así y, al menos, una desgracia para una familia puede ser un regalo para otra.

Hasta que unos días después, todavía esperando el trasplante, mis pensamientos vinieron a sorprenderme.

Había ocurrido: en las noticias dijeron que había ocurrido una desgracia en un transporte público.

Sin esperarlo, me descubrí pensando esta frase:

"Oh, que pena, pero... ¿ha habido muchos muertos?"

Cómo cambia tu perspectiva de cualquier situación según aquello a lo que das prioridad ¿verdad?

Por suerte o por desgracia, aquel día sólo murió una persona de las muchas que estuvieron en peligro.

De todo esto aprendí dos cosas

La primera es que tu forma de ver cualquier experiencia, situación o fracaso depende de ti.

Tú eliges qué significa para ti, cómo te va a afectar y qué vas a sacar con ello.

Sabiendo esto, quizás sea mejor verlo de la mejor manera para ti ¿no?

Así es como nosotros entendemos esa frase tan malinterpretada de "Lo que crees, creas".

El segundo (re)aprendizaje fue que, muchas veces, no podemos comprender a otras personas si no hemos vivido lo mismo que ellas.

Cuando tengas un conflicto con cualquier persona, trata de ponerte en sus zapatos, deja de juzgar por un segundo y busca comprender y empatizar.

Porque una de las creencias que más me ha cambiado la vida en los últimos años es esta:

Nadie es malo, la maldad no existe, sólo es ignorancia.

Cuando alguien actúe de una forma que no consideres la adecuada, si hace daño a otras personas e incluso a sí mismo...

Probablemente no haya encontrado otra manera de hacer las cosas, o no ha contado con las herramientas necesarias o el apoyo que le hubiera gustado tener para tomar ese camino que tú crees mejor.

No juzgues ni pongas etiquetas, no trates de señalar a una persona porque puede que haya muchas cosas que no sepas.

Todos tenemos problemas y hacemos un gran trabajo por ocultar lo que nos pasa y cómo nos sentimos.

Es más fácil señalar los errores de los demás que admitir los que cometemos nosotros.

Y recuerda esta gran frase: cuando tú señalas a otra persona con un dedo, otros tres dedos te están señalando a ti.

Qué de vueltas que da la vida.

Termino de escribir esto y me pondré a leer un libro mientras mi padre duerme, esperando a que alguien muera en la calle.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Marta Comino

    Me ha conmovido este texto. Es una reflexión desde el corazón…desde un desgarrado corazón. Me ha encantado la sinceridad: tan dura pero tan real.
    Cómo una experiencia tan dura te hace ver la vida y a los seres humanos desde otra perspectiva.
    Es cierto que no hay personas buenas ni malas, ni situaciones peores ni mejores. Simplemente es el nivel de consciencia en el que estés y sobre todo lo que puedes aprender de todo ello.

    1. Gracias! Al final, cada experiencia nos está enseñando a ver todo con otros ojos, como tú dices.

      Y nos gusta lo que vemos =)

      PD: mi padre ya se operó y está recuperándose!!

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