¿Te despiertas desmotivado con el día que te espera por delante?

¿Estás realmente donde quieres estar?

¿Qué esperas de la vida más allá de la próximas vacaciones?

¿Sientes que la vida debería ser algo más?

¿Querrías cambiar algo pero no te atreves?

¿O te gustaría hacerlo pero no sabes por dónde empezar?

Sobre nosotros

¡Hola! Somos Rocío y Juan.

Te damos la bienvenida a nuestra casa, ahora también la tuya.

Nosotros también nos hemos hecho estas y muchas otras preguntas. Con el tiempo llegamos a la conclusión de que el pack básico de vida no podía ser el único camino posible, que tenía que haber más opciones.

Si tú sientes lo mismo, quizá necesites un cambio en tu vida del que todavía no eres consciente, ya sea sólo algunos reajustes en la emisora de radio para poder disfrutar de tu viaje o un cambio completo de dirección.

No te preocupes, has llegado al sitio adecuado para empezar a recorrer tu propio camino, para descubrir que no tienes ni debes conformarte con lo que está establecido o lo que los demás esperan de ti.

No estás solo y no te has vuelto loco.

¿Qué puede hacer Párate a Vivir por ti?

Logo Párate a Vivir

Aquí te vamos a ofrecer otra forma de ver la vida, de entenderte a ti. Creamos Párate a Vivir porque hemos querido tomar las decisiones más importantes de nuestra vida por nosotros mismos.

Te invitamos a que te tomes un respiro y pienses por una vez de verdad en ti. Párate un momento, tómate tu tiempo en este mundo en el que nada ni nadie se detiene y te bombardea incesantemente con información y analiza todos los aspectos de tu vida.

No te sitúes como la víctima de esta historia, señalando que te falta tiempo, dinero, energía o todo a la vez.
En Párate a Vivir descubrirás que puedes ser el dueño de tu propia vida y de tu tiempo sin más peros, excusas ni miedos.

Y no, no tenemos una receta secreta, una fórmula mágica que sirva igual para todo el mundo. No hemos creado y nunca existirá ese camino perfecto hacia la felicidad que es para todo el mundo igual, pero te vamos a dar las pautas para que puedas construir el tuyo propio.

Vamos a hacerte algunas preguntas concretas y tú serás quien defina el camino. El cambio que consigas dependerá de esas respuestas, que puede que revelen algunas verdades incómodas. El objetivo es que tengas una vida más alineada con tus valores, con la que seas más feliz y tengas menos motivos para quejarte y más para sonreír cada día.

Serás tú quien se quite la venda de los ojos para empezar a ver todo desde otra perspectiva y así deshacerte de algunas cargas con las que llevas viviendo demasiado tiempo. Es como esa pesada mochila que llevas tan pegada a la espalda que no puedes quitártela sin que alguien te ayude.

Iremos juntos de la mano hasta que sientas la seguridad para seguir andando por tu propio pie.
Serás tú quien tome las decisiones más importantes en tu vida, para que dejes de sentir que está en manos de otros.

Nosotros decidimos que queríamos ser felices fuera el día de la semana que fuera, que queríamos levantarnos cada mañana con una sonrisa tras haber dormido bien porque nos acostamos sin tantas preocupaciones o estrés.

Y eso es lo que queremos transmitirte aquí.

¿Nos das una oportunidad?

Empieza el camino para recuperar el control de tu vida y de tu tiempo

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¿Por qué deberías confiar en nosotros?

Y ahora te preguntarás, vale, pero por qué tengo que confiar precisamente en vosotros.

Igual que confías en un guía porque ya ha estado en ese lugar antes y va a explicarte cosas nuevas y te llamará la atención sobre detalles que pasarían desapercibidos si no fuera por él, nosotros también hemos estado en tu situación antes.

También estuvimos en esa rutina que te atrapa y te consume sin dejarte espacio para nada más, en ese camino que se “debe” tomar porque todo el mundo lo hace.

Al empezar a trabajar pasamos por varias fases, desde la euforia del principio a la apatía final en la que vas a trabajar por inercia y el calendario se convierte en un desierto enorme con sólo un par de oasis muy concretos con las vacaciones que estás esperando y los viernes son espejismos que nunca llegan.

Esta situación resulta muy frustrante, la vida no podía ser sólo eso. Piensas que has estado tantos años esforzándote, estudiando y trabajando para nada, que aquello por lo que luchabas parece que no existe, se ha evaporado o nunca estuvo ahí.

En ese momento entendimos que estábamos en una carrera hacia ninguna parte y fue importante para que empezáramos a entender nuestra situación de otra manera. Nos paramos a pensar.

Fue el primer paso para lograr salir de ahí, simplemente organizando nuestros objetivos, teniendo claro que queríamos ser felices y disfrutar del camino.

Ahí está el truco, en el camino y no tanto en el destino.

¿O vas a pasarte toda una vida de infelicidad y sacrificio para llegar a tu objetivo final?

¿Y si no es aquello que pensabas que era?

A partir de esa pregunta, nos fuimos haciendo otras y, con lo que íbamos descubriendo, fuimos adaptando nuestros hábitos y costumbres, nuestra forma de actuar y de pensar hasta un punto en el que la rutina laboral ya no absorbía toda nuestra energía. Empezamos a disfrutar de la vida, fuera el día de la semana que fuera.

Confianza, día de nieve en Zakopane, Polonia

Se trata de que aproveches tu tiempo al máximo, exprimiendo cada experiencia y haciendo lo que verdaderamente te motiva y te hace feliz.

Aquí te vamos a hablar sin tapujos, sin pelos en la lengua y sí, es posible (y de hecho bastante probable) que te digamos algunas cosas que duele escuchar y asumir, pero que debes pararte a pensar. Siempre te hablaremos con sinceridad y transparencia; lo que ves es lo que somos, no tenemos nada que esconder.

Después de muchas preguntas, reflexiones y de encajar algunas verdades con humildad, asumimos nuestros errores.
Vimos que era posible lograr un cambio y buscamos potenciarlos en nuestra vida.

En nuestro caso, entre todo lo que probamos, el método que mejor nos ha funcionado ha sido viajar.

De hecho fuimos a por todas y decidimos dar la vuelta al mundo. Por ese motivo, también encontrarás en nuestra web mucha información sobre viajes, porque es algo que realmente nos apasiona.

Viajar te abre la mente, te descubre todo un mundo a tu alrededor aunque curiosamente, también despierta ese mundo interior que puedes tener dormido. Te permite descubrirte y aprender más sobre ti, además de crecer y ver el mundo desde otra perspectiva. Viajar es tantas cosas a la vez y para cada uno puede significar una cosa diferente porque existen muchos tipos de viajes y de personas viajeras.

Para nosotros, entre otras cosas, viajar es vivir, pero eso no quiere decir que sea el camino que deba seguir todo el mundo ni mucho menos.

¿Pero... quiénes somos?

Todo comenzó con muchos años de estudio y sacrificio para forjarnos un futuro mejor pero cuando entramos al mundo laboral, esa etapa en la que por fin se supone que ya lo tienes todo, esta nos dio un bofetón.

¿Tantos años invertidos estudiando para esto?

No tienes tiempo para nada entre semana, sientes que los fines de semana vuelan y no das abasto con la cantidad de cosas que te gustaría hacer.

Al final se te pasan las semanas, los meses y el año y no has hecho ni la mitad de cosas que te hubiese gustado porque no has tenido tiempo para nada ni energías para organizarte. Cuando llega fin de año te propones conseguir algo más de tu vida para el año siguiente pero ¿cómo lo puedes lograr si no sabes el camino?

Hay tanto por hacer, que experimentar, disfrutar, probar o ver en este mundo que no es posible que tengas que limitarte a sufrir un trabajo 5 días a la semana para después apenas recoger los pedazos que quedan de ti el fin de semana y, con suerte, un par de semanas al año de vacaciones.

No era la vida que esperábamos y no nos hacía felices, aunque era todo aquello que se puede esperar… ¿o no?

Tras 4 años trabajando encontramos otra solución y no nos la íbamos a guardar para nosotros. Si otros nos habían confiado ese secreto a voces, ahora era nuestro deber seguir compartiéndolo.

La cima de la montaña...

La cima de la montaña, esa aventura llamada vida que nos llevó a donde no queríamos. Foto en lo más alto de la montaña del templo Bich Dong Pagoda de Ninh Binh, en Vietnam

Míralo así: Imagínate que eres el explorador más adelantado en una expedición y tienes una gran ventaja entre tú y el resto de personas que vienen detrás de ti.

Si al llegar a la cima de la montaña que tanto os está costando subir descubres que al final, el tesoro que todos veníamos a buscar no existe, que lo único que hay en el punto más alto es un terrible dragón esperando a devorarnos a todos…

¿Qué harías?

Esa expedición no es otra cosa que la vida y la nuestra se parece mucho a la de otras personas. Al final todos buscamos lo mismo y a todos nos han indicado que avancemos en la misma dirección.

¿Pero cómo habíamos llegado hasta esa cima tan traicionera?

Nuestra historia ya como pareja comenzó con 17 años. Nos conocimos en un momento clave, siempre decimos que no sabemos dónde estaríamos si no fuera por el otro y lo seguimos pensando. Ahí entendimos bien la importancia de tener a alguien en quien apoyarte, en quien poder confiar, alguien que sabes que estará ahí cuando lo necesites.

Apenas nos conocimos, ya se acercaba Selectividad y los soñados años como estudiantes universitarios. El sueño se esfumó incluso antes de entrar. Al final ambos entramos y terminamos nuestros estudios, pero tuvieron que pasar en total 7 años y fue de todo menos agradable.

Es duro pensar que no lo cambiaríamos porque gracias a esa época ahora somos quiénes somos y quizás no habríamos logrado todo lo que tenemos ahora si no fuera por ello. Pero es doloroso recordarlo y pensar que esa época, nuestra vida de los 18 a los 24 años, cuando éramos más jóvenes, con más energías y ganas de vivir que nunca, es cuando más muertos hemos estado.

El último año de estudios lo dejamos aparte porque fue cuando nos fuimos de Erasmus. Ese año lo cambió todo. Si quieres un único consejo de nuestra parte para ti si estás a tiempo o para tus hijos, sobrinos o lo que sea sería este: haz un año completo de Erasmus, que sea tu primera prioridad, ya lo entenderás después.

Ese año descubrimos cada rincón de Cracovia, casi todo el país y parte de Europa, sí, pero lo importante fue lo que descubrimos de nosotros, de quiénes somos y de qué queremos. Entender eso nos hizo entender mejor la vida.

Después nos plantamos con 25 años ante un mundo laboral que no nos quería. Todo eran pegas y mucha titulitis desde el principio, siempre había alguien mejor formado que nosotros o con más experiencia y nos teníamos que conformar con trabajos que nadie quería o en los que pagaban una miseria.

Miramos hacia todos lados extrañados, con cara de horror ante lo que encontramos, y vimos a todas las personas escuchar lo que nos había pasado con cara de alegría ante la gran oportunidad que teníamos: “es un buen trabajo tal y como está la cosa, tú céntrate en ganar experiencia e ir ahorrando algo de dinero para más adelante”.

Ahí cometimos otro error.

No fue el primero ni el último pero sí uno de los más importantes a destacar.

Aceptamos lo que teníamos delante y no perdimos el entusiasmo, nos esforzamos por ser los mejores y con muchos sacrificios conseguimos resultados.

Al entrar en ese mundo, descubrimos la realidad. Lo que nos habían prometido era mentira, si eso era lo que nos tenía que hacer felices, no lo iba a conseguir.
Y no porque no lo fuéramos en ese momento, sino porque veíamos a otros ya acomodados con años de experiencia, un buen puesto y un sueldo más alto y no parecía que les llenase mucho. Daba igual que tuvieran 30, 40, 50 o 60 años, fueran becarios, jefecillos o directores: todos esperaban al viernes.

Suena a exageración, pero aquello era una condena carcelaria voluntaria cada semana, de lunes a viernes.

Todos habían aceptado regalar sus bienes más valiosos: su tiempo, su vida, su energía. A cambio, sólo recibían el privilegio de poder utilizar y aprovechar como mejor pudieran lo que quedaba de ello.

Le vimos los colmillos al dragón en lo alto de la montaña a tiempo. Habíamos aceptado formar parte de ese gran engaño que llamaban vida, sí, pero nada más cruzar el umbral ya sabíamos que de alguna manera, nos íbamos a fugar de allí.

Para cuando cumplimos 30 años, ya conocíamos de sobra lo que había en la cima de la montaña y no era lo que andábamos buscando.

Teníamos lo que se suponía que era un buen trabajo pero que nos robaba la vida, se quedaba con todo nuestro tiempo y nos dejaba las migajas. No nos daba margen para disfrutar apenas de nada.

Parte de nuestros 4 años locos, nuestras aventuras en Reino Unido. Foto en Christ Church College de Oxford, en Inglaterra

De todas maneras, no desistimos e intentamos aprovecharlo al máximo pero tampoco fue suficiente: en cuatro años nos independizamos, nos casamos, vivimos un año en Oxford, otro en Londres, viajamos mucho y conocimos casi todo lo que Reino Unido nos podía ofrecer, que no era poco.

Fueron cuatro años mágicos y horribles a la vez.

Da mucho que pensar el tener las que son algunas de las mejores experiencias en la vida y que ni por esas sea suficiente para compensar todo lo malo que era lo demás.

El siguiente paso lógico era comprarnos una casa (teníamos dinero para la entrada), el coche que nos gustaba, tener un hijo y seguir siendo felices ¿verdad?

Pero ya no es que le viéramos los colmillos al dragón, ya había desplegado y alzado las alas delante nuestra. Ahora pedía que agacháramos la cabeza y aceptáramos la cadena perpetua, o así veíamos nosotros esa situación en aquel momento.

Cada domingo al meternos en la cama nos quejábamos con una rabieta de niño pequeño, indignados con el siguiente lunes y lo que significaba.

Hasta ahora siempre habíamos encontrado una excusa o una motivación para convencernos de que había que aguantar, ser fuertes y tener paciencia: “es cuestión de tiempo, un poco más y terminamos la carrera”, “si seguimos así, lograremos dentro de un año poder alcanzar lo que queremos”.

Pero ya no había nada más allá, no había más camino que recorrer, lo que teníamos era más o menos lo que siempre íbamos a poder tener.

Sabíamos que esa vida no nos iba a hacer felices, que tenía que haber algo más.

Aún no teníamos claro ni qué era, dónde estaba ni cómo encontrarlo, pero de todas maneras empezamos el descenso de esa montaña que tanto nos había costado escalar. Dejamos nuestros trabajos, dejamos esa vida.

Por el camino lo comprendimos.

Lo que importa no es tanto el destino, el objetivo no debe hacerte feliz por sí mismo ni justifica tal sacrificio para lograrlo. Es justo lo contrario.
Lo importante es que elijas un camino que disfrutas recorriendo, eso es lo que justifica tu objetivo.

Nuestro camino (y probablemente el tuyo) significaban 37 años de infelicidad para lograr un objetivo que nos habían prometido que nos haría felices del todo: la jubilación.

Era un precio demasiado alto a pagar y pensamos que era mejor buscar otro camino a recorrer para que esos 37 años nos llenasen completamente, mejor no posponer tu vida hasta la vejez.

En la bajada empezamos a avisar a todo el mundo que dejara de subir esa montaña, que quizá no encontrarían lo que buscaban siguiendo esa ruta. Decidimos bajar por otra ladera, abriendo paso entre la maleza por un camino que pensábamos que nadie había recorrido, pero cuando te relajas y te fijas un poco, ves señales de que no eres el primero en pasar por ahí.

Eso siempre da un extra de motivación, piensas que al menos no eres la única persona que ha tomado esa decisión. No recorres ese camino a solas.

Entonces decidimos andar más lento, facilitar el paso para los que vengan detrás y hayan decidido elegir su propio camino.

Ese camino es lo que queremos transmitirte con Párate a Vivir.

No vamos a decirte qué debes hacer, ni qué camino tomar una vez salgas de esa montaña. Vamos a facilitarte la salida, darte las herramientas para que puedas decidir tú, sin que otros te digan qué hacer ni intenten engañarte con atajos secretos.

Queremos ayudarte a pensar sobre la vida que estás llevando, que descubras cuál es la que te gustaría tener, seas capaz de entender qué te separa en realidad de lograrlo y cómo superar ese obstáculo.

Porque todos queremos por ejemplo dormir bien, sabemos lo importante y agradable que es. Pero siempre pensamos que para dormir mejor hay que tener una vida mejor a la actual, una que nos haga feliz y sólo entonces nos despertaremos desperezándonos con los brazos en alto viendo el amanecer por la ventana.

Eso es una meta a la altura de la jubilación, quizás sería mejor que primero te centraras en los pequeños aspectos que son más fáciles de controlar como cambiar de almohada, controlar el nivel de ruido o luz, cambiar de colchón si hace falta, cenar ligero y no tan tarde, no usar el móvil en la cama, quitar internet al acostarte y quizás leer aunque sea 10 minutos.

Hay tantas cosas en nuestro día a día que no hacemos bien porque no nos tomamos el tiempo de pararnos a pensar, a reflexionar por qué lo hacemos, qué resultado nos da, cómo podríamos hacerlo mejor y lo más importante de todo: cómo se va a reflejar ese cambio en nosotros.

Las pequeñas cosas de la vida son las que te definen al final y la base para todo. Si cambias algunos detalles, sin que te des cuenta tendrás más capacidad de reacción y podrás mejorar otros aspectos más importantes después.

Suena a una exageración, pero cambiar de almohada y las consecuencias que eso puede tener pasados un par de años, puede hacer que logres lo que te propones en la vida, quién sabe. Esta web trata mucho sobre eso.

Si quieres saber más acerca del significado de nuestro nombre y nuestro logo, entra aquí:

También verás mucho en Párate a Vivir sobre viajes y es que esa es una de las mejores maneras para conocerte, para descubrir qué te atrae, cuál es la vida que quieres llevar.

Viajar no es la solución, viajar es un medio.

Y nosotros te lo vamos a poner muy fácil para viajar, porque no es tan caro como crees.
Nosotros nos encargaremos de eso.

Nuestra historia

Si quieres saber más sobre estos dos locos soñadores antes de irte a ver qué es lo que te podemos ofrecer, quédate un poco más.

Ahora que ya te hemos contado todo por encima y se entiende lo que queremos transmitir en Párate a Vivir, vamos a dejarnos de metáforas, de dragones y montañas para contarte más sobre nosotros, cómo hemos llegado hasta aquí y qué narices nos ha pasado para tirar toda una vida por la borda a los 30 años. Han sido muchas cosas.

Pero empecemos por el principio

Peque Ro
Peque Juan

Estos somos nosotros. O éramos más bien. La primera foto es Rocío de pequeña pero con la misma cara y en la otra foto está Juan, un recién nacido de 2-3 meses con la pierna escayolada, debido a nacer con el pie equinovaro.

Eso que tan cómicamente llaman ser patizambo es una malformación que puede impedirte correr o apenas andar de por vida.

Ahí se resume mucho nuestra historia, aunque no se vea a simple vista: somos dos personas felices, sonrientes, que han tenido la suerte de crecer en un buen entorno con todo el cariño y la ayuda que hemos necesitado, no nos ha faltado de nada y no nos podemos quejar. Pero… siempre ha habido un pero.

Siempre ha ocurrido algo malo, siempre ha habido alguna injusticia o problema inesperado a superar. En el preciso instante en el que todo ha ido bien, siempre (¿hemos dicho ya “siempre” las suficientes veces?) nos encontramos con otro reto a superar que ha complicado nuestro camino.

No hace falta más que ver la mejor de todas...

Justo cuando nos proponemos nuestro plan más ambicioso, quizás uno de los más importantes de nuestra vida y que iba a marcar un antes y un después, algo tan grande como dar la vuelta al mundo sin billete de vuelta durante casi dos años para recorrer Asia y Sudamérica, ocurrió algo que pocas veces había pasado en la historia de la humanidad y la primera en lo que llamamos el mundo moderno: el coronavirus consiguió que no se pudiese viajar a ninguna parte del mundo durante todo un año.

Nadie nos va a frotar un cupón en la cabeza.

No nos alegrábamos de esos obstáculos cuando aparecían, han supuesto muchos llantos y ganas de rendirse, pero cuando ha pasado el tiempo y los hemos visto en perspectiva… es lo mejor que nos podría haber pasado. Somos quienes somos gracias a esos obstáculos, que han hecho que nunca bajemos la guardia, que sigamos adelante y no nos conformemos con lo que nos toca.

La operación en la pierna salió bien por cierto, la recuperación fue perfecta hasta el punto de poder andar como cualquier niño y hoy día podemos recorrer el mundo a pie sin problema.
Aunque tuvo sus secuelas, después de eso estaba descartado ser deportista profesional y las piernas son de todo menos simétricas, pero nos hace valorar lo agradable que es dar un simple paseo.

Ese fue el primer reto a superar, pero vinieron otros muchos que definieron quiénes somos hoy día, nos empujaron a crear Párate a Vivir y nos dan esa seguridad para poder ayudarte.

Porque te hemos visto dudar en tu camino de ascenso a la montaña, lo sabemos, y aun así no va a ser fácil convencerte de que sueltes tu equipo de escalada y tomes una ruta nueva que te va a exigir otras habilidades que nadie busca en un currículum, porque no son útiles para tu jefe, sólo lo serán para ti.


Por ahora, vayamos pasito a pasito


No queremos extendernos más, demasiado has leído si has llegado hasta aquí, así que cerramos con un resumen autobiográfico de cada uno.

Juan Aljaro

Sobre nosotros, Juan. Foto en Zakopane, Polonia

Descubrí lo que mejor me funciona sin querer. Todo lo que he conseguido ha sido gracias a, en realidad, no estar buscando nada, no querer nada. Nunca he tenido claro si era más apático, perezoso o nihilista.

Me han llamando sinvergüenza, cuando querían decir demasiado sincero. Me han considerado confiado cuando sólo era indiferencia por las apariencias. Me creen ambicioso aunque lo único que he hecho es luchar por alcanzar el siguiente paso que tenía delante de mí, sin más aspiraciones. Las personas en las que me apoyo y sin las que no sería nadie, me ven como una persona fuerte.

Todo es más simple de lo que parece en realidad. Pero vamos por partes.

Nací en 1990 en Sevilla. A los 9 años ya tenía un ordenador delante y pasaba todo el rato con él, en aquel momento mi único interés junto a la lectura.
Esto marcó quién iba a ser para bien y para mal.

Los años siguientes pasaron sin pena ni gloria hasta que en 2006 conocí a Rocío y empezamos a salir en 2007.
Fue el preámbulo de otras tantos momentos de mi vida: fue lo mejor que me podía pasar y en realidad no era algo que buscaba, ni que esperaba que fuese a ser tan importante.

Al año siguiente, 2008, empecé en la universidad la carrera de Ingeniero Informático. He de reconocer que no la habría empezado si no fuera por mi padre, no lo habría aguantado sin Rocío y no lo habría terminado si no fuera por el año de Erasmus. Para mí la universidad fue una auténtica tortura que no le deseo a nadie.

Pero de todas maneras le estoy agradecido porque nos dio un año en Cracovia (Polonia) donde descubrimos cuánto nos gustaba viajar, lo mucho que nos aportaba y lo bien que nos lo pasábamos juntos haciéndolo. Empezó a descubrirnos quiénes éramos y qué nos motivaba en la vida.

Nos recorrimos gran parte de Europa en ese año: Polonia, Francia, Bélgica, Países Bajos, Italia, Rep. Checa, Austria, Eslovaquia, Hungría, Serbia, Ucrania y Alemania.

Imagen de perfil antigua de Juan para la bio en el sobre nosotros

Además me permitió encontrar los trabajos que tuve después, lo que nos llevó a vivir juntos en 2016, casarnos en 2017, irnos a vivir a Oxford en 2018, a Londres 2019 y ahorrar todo lo necesario para dar la vuelta al mundo en 2020-2021.

Después de tantos viajes y una vida personal y profesional consolidada aún sentía que no era suficiente. ¿Cómo podía ser eso?

Rocío me enseñó desde que empezamos lo más importante en la vida: ser feliz.

En la universidad entendí lo que significaba el trabajo duro y el poco valor que tiene si no lo enfocas al objetivo correcto. También empecé a vislumbrar lo que era la vida: un círculo vicioso en el que todo el mundo está ocupado y no tiene tiempo para preocuparse de sí mismo, como para echarte cuenta a ti.

Cuando por fin aterricé en el mundo laboral, logré todo lo que me dijeron que debía hacer y entendí aquello que sólo puedes entender cuando has llegado a la copa del árbol y te has asomado por encima del bosque: allí arriba no había nada.
Entonces pensé en todos aquellos que seguían soportando esa vida con tal de asomarse allí arriba, sabiendo que la mayoría no lo haría nunca.

Imagen bio nueva en el Sobre nosotros de Juan

Ahí decidí que no quería seguir formando parte de ese mundo.

Ese árbol era un trabajo envidiable en Londres, haciendo lo que me gusta, sin estrés, un buen sueldo y un buen ambiente en la oficina con grandes amigos.

Pero cuando veía la vida de otras personas, en tantos blogs que seguía desde el Erasmus... sabía que la mía podía ser algo más que conformarte con lo que te dejaban tener y, lo que es más, que ahora que yo me había dado cuenta de ello, podía hacer que otros dieran el mismo paso. Así nació Párate a Vivir.


Rocío Haintz

Sobre nosotros, Ro. Foto en Zakopane, Polonia

Aunque ya he entrado en la famosa “crisis de los 30”, esa no soy yo.

Yo soy un torbellino de emociones y siempre he sido muy infantil: me emociono con las pelis de Disney, canto como una loca (menudos musicales me monto) y no dejo de jugar y disfrutar de la vida.

Quizá fue esta actitud mía la que me llevó a mi vocación de Maestra de Educación Infantil: estar rodeada de niños, enseñar y aprender con ellos otra forma de ver la vida.
Es tan curioso observar a esos pequeños diablillos, escuchar sus ideas y sus pensamientos, sus razonamientos...

Pensando en ello, me planteo si fue precisamente eso lo que me hizo ver que existen muchas formas diferentes de pensar y ver una misma cosa y yo no iba a conformarme con lo establecido: enseñaba y aprendía a ver el mundo de otra manera.

El problema vino cuando descubrí que mi mundo laboral siempre quería más de mí: más formación, más experiencia, oposiciones… Parecía que por mucho que me esforzara en subir el siguiente escalón, una vez que lo hacía pedían algo nuevo y otra vez a empezar. No había cima posible, nada de lo que hacía era nunca suficiente.

Al principio encontré un trabajo en una guardería que aunque no era lo que yo quería y pagaban una miseria pensé que me permitiría ganar experiencia para saltar a otro lado. ¡Alarma! Esto no funciona, estaba condenada a esclavizarme durante años soñando con un trabajo mejor que no sabía si llegaría. ¿Y mientras? Recoger las migajas de mí.

En este punto, un poco desesperada con la vida que me esperaba, decidimos irnos a vivir a Oxford. Esto supondría tomar un impulso muy grande para subir un par de escalones juntos y poder volver triunfantes a España para conseguir un trabajo y un sueldo justo. Eso sí, no fue nada fácil dejar nuestra vida, nuestra familia, nuestros amigos… Suerte que íbamos juntos, de otra manera no sé qué sería de mí ahora.

Después de un año en Oxford y otro en Londres haciendo todo lo posible por volver, todo parecía seguir igual: la crisis, ahora piden C2 de inglés y chino mandarín, si no tienes el título de religión ya puedes olvidarte… Cuatro años trabajando y siguiendo con mi formación para esto, fue muy frustrante.

Imagen de perfil de Rocío para la bio en el sobre nosotros

Poco a poco, no sé exactamente en qué punto, surgió la locura idea de empezar a planear nuestro viaje, pues es algo que en realidad siempre había rondado en nuestras cabezas desde hace mucho tiempo.

Sólo sé que el año 2019 estuvo lleno de dudas, conversaciones y reflexiones y todo empujaba a lo mismo: era ahora o tal vez nunca. No queríamos perder esa oportunidad ahora que podíamos hacerlo.

¡Marea de dudas! Aunque tenía un trabajo en el que trabajaba con niños de la edad que quería, donde podía trabajar a mi manera, sabía que ese no era mi lugar.

¡No iba a quedarme en Reino Unido para siempre! Y volver a España para empezar a subir la misma escalera desde el principio otra vez me parecía una mala broma.

No voy a decir que no tuve dudas por un tiempo, y de hecho aún tengo miedo, no me avergüenza reconocerlo. Pero al poco de empezar nuestra vuelta al mundo me di cuenta de que estaba tomando el camino que quería seguir, que la vida tiene algo más ahí fuera esperando a ser descubierto y yo quiero ir a por ello.

¿Y tú? ¿Te atreves a mirar el mundo con ojos de niño en Párate a Vivir?

¡Atrévete a ver la vida con otros ojos!