Turismo responsable, elefantes y Elephant Nature Park

Turismo responsable, elefantes y Elephant Nature Park

La primera vez que ves a un elefante no te lo crees. Ya lo has visto miles de veces en películas o documentales pero cuando tienes uno delante de ti y ves lo grande que es, te sorprende lo fuerte y poderoso que puede ser si así lo decide y a la vez lo dócil, noble y amable que se muestra la mayor parte del tiempo. Es fácil que te quedes con la boca abierta y te olvides de lo que significa el turismo responsable.

Es uno de los animales más mágicos que tenemos en la tierra y no es raro que despierte una gran fascinación a todo el mundo. Esto debería ser algo bueno para ellos, ya que si hay un gran interés en un animal, debería ser suficiente para cuidarlo y respetarlo pero por desgracia el ser humano, la mayoría de las veces por desconocimiento, hace justo lo contrario.

Por eso hemos querido escribir este artículo, para dar a conocer la situación de estos bellos animales. Vamos a hablar en concreto de los elefantes asiáticos, que son los que conocemos más de cerca, pero igualmente valdría para los que hay en otras partes del mundo, como el elefante africano, al que todo el mundo busca en los famosos safaris por la sabana.

Nuestro primer encuentro con un elefante

Nosotros no lo esperábamos, sólo estábamos dando una vuelta viendo templos aquí y allá, pero de repente escuchamos unas pisadas y vimos algo gigante. ¡Guau, un elefante! y corrimos para acercarnos un poco más. Entonces fue cuando se nos cayó el alma al suelo, pues encima de este precioso animal había dos personas: uno a sus lomos en una silla perfectamente colocada y decorada y otro en su cabeza, apoyando los pies en las orejas y con un pincho en la mano, largo, sin disimular, perfectamente a la vista de todos.

No vamos a negarlo, nos pareció un animal majestuoso y nos encantó verlo, pero no en esas circunstancias y no me avergüenza decir que lloré. Lloré de impotencia de pensar por qué aún hoy en día la gente sigue contribuyendo a esta explotación animal tan cruel, injusta e innecesaria.

Esto nos ocurrió en Tailandia, aunque si viajas por el sudeste asiático seguro verás que hay cientos de tours diferentes que te permiten ver elefantes, pero también bañarlos, alimentarlos e incluso como decimos, subir en ellos para dar un paseo.

Desde Párate a Vivir queremos lanzar un grito desesperado para concienciar a la gente de lo que este tipo de cosas suponen para los animales, de la obligación moral de hacer un turismo responsable. Los elefantes son seres sociales pero con los de su propia especie y, por tanto, no necesitan relacionarse con los seres humanos, que los toquemos o que los bañemos. Todo ello les supone una situación de estrés. De hecho, los elefantes no necesitan bañarse todos los días y, si así lo deciden, lo hacen con tierra y barro para proteger su piel y limpiarla de insectos.

Hay cientos de lugares que te ofrecerán estas y otras experiencias con elefantes, pero nosotros te pedimos que seas un viajero responsable y realmente veas que no son situaciones naturales para estos animales.

El peligro del desconocimiento

Un mahout (cuidador de elefantes) nos contó que un amigo suyo, con toda la buena intención, le regaló un cuadro pintado por un elefante.

- ¿Alguna vez has visto a un elefante en la naturaleza pintando? - le preguntó él.

La respuesta es obvia.

El problema viene porque no nos paramos a pensar en las cosas, sino que nos quedamos con la originalidad, con el querer hacer esas cosas diferentes para poder volver a casa y tener algo que contar. No creemos que sea por maldad, sino más bien por este desconocimiento, desinformación o simplemente, como decimos, por no pensar.

Hay que entender que cuando tú ves a un simpático elefante jugando con una pelota, pintando un cuadro, deseando que lo acaricies o agachándose para que te subas encima… la realidad es que ese elefante ha sufrido una tortura interminable llamada Pajaan, que se traduce como “romperles el alma”. No vamos a poner vídeos sobre esto porque no es necesario, pero si sigues pensando que esos elefantes con los que puedes interactuar por unos pocos euros no están sufriendo, búscalo en YouTube.

También puedes obtener más información, pero de manera menos explícita, en este enlace sobre los paseos en elefante.

Este mismo mahout con el que hablamos, nos dijo que lo mejor que podíamos hacer para ayudar no era donar dinero, sino hacer correr la voz para ayudar a informar y concienciar a las personas sobre esta situación y así evitar que se siga repitiendo, animar a las personas a hacer un turismo más responsable.

Los santuarios o refugios de elefantes

Es cierto que existen santuarios o refugios de animales donde salvan y cuidan animales que han sido maltratados o que tienen algún problema y, por desgracia, ya no pueden vivir en libertad. Estos sitios, al igual que todo, necesitan financiación para poder seguir haciéndose cargo de los animales y crear entornos adecuados para ellos. Sin embargo, hay que informarse muy bien, pues hay lugares que dicen ser santuarios y no lo son realmente.

Se ha creado todo un negocio en torno a estos lugares y claro, ver a un elefante comer es aburrido, por lo que se busca que creen una especie de espectáculo para sus visitantes.

Es muy difícil saber hasta qué punto un lugar es un verdadero santuario pero duda de todo aquel sitio que tenga un horario con actividades prediseñadas y cuanta menos interacción te permitan con los elefantes, mejor.

¿O acaso te acercarías a un elefante salvaje para subirte sobre él o tocarle la pata para hacerte una foto?

Piénsalo así, los elefantes que están en estos santuarios ya han sufrido bastante: llevando turistas a sus espaldas de sol a sol, les ha explotado alguna mina y están cojos, han sido obligados a realizar espectáculos de entretenimiento, cargar pesados troncos de madera y un largo etc. No contribuyas a que estos animales sigan sufriendo abusos.

Nuestra experiencia en Elephant Nature Park

Nosotros teníamos miedo, mucho miedo, cuando decidimos ir a un santuario en Chiang Mai precisamente por este motivo, pero investigamos mucho al respecto hasta decidirnos por Elephant Nature Park y creemos que fue un acierto con algunos peros.

La interacción directa con los elefantes era muy breve, esporádica y dependía de la personalidad de cada elefante si podíamos si quiera acercarnos o no. Es cierto que les dimos de comer algunas frutas y hubieron dos elefantes a los que nos permitieron tocar siempre manteniendo un poco la distancia, pero creemos que el lugar estaba perfectamente acondicionado para estos animales y que tienen muy en cuenta la historia de cada uno de ellos para permitirte acercarte o no (vimos muchísimos elefantes pero sólo nos acercamos a dos).

​Una de las cosas que no nos gustó fue un momento en el que se juntaron un par de grupos con dos elefantes y uno que estaba comiendo quiso irse, pero el mahout no se lo permitió y lo llamó para que volviera a su sitio. Pensamos que en ese momento realmente había muchas personas y el elefante se incomodó.

Hay quien no termina de fiarse del todo y cree que los mahout de este sitio también los obligan y fuerzan sin que nos demos cuenta. Sólo podemos decir que no nos pareció que fuera así.

Estuvimos observando que los elefantes eran libres para moverse por donde quisieran, les repartían la comida por diferentes sitios para que se tuvieran que mover a buscarla y estaban creando un proyecto precioso llamado “Hands Off” donde tenían una pasarela para que las personas pudieran observar a los elefantes en libertad sin interferir.

En este lugar fue donde conocimos al mahout que hemos mencionado más arriba y que nos animó a alzar la voz para dar a conocer la triste realidad de los elefantes en el sudeste asiático.

Allí también conocimos la historia de Yai-Bua, una elefante de más de cien años a la que habían rescatado hace poco y que se había pasado toda su vida trabajando para varios dueños que la explotaron todo lo que pudieron. Cuando la mirabas a los ojos, veías una nobleza enorme en ellos y su historia nos conmovió: había dejado de comer y llegó un momento en el que los elefantes se acercaban a ella para despedirse tocándole la cara. Por suerte, tras varios días en las que sus cuidadores probaron todo tipo de frutas y maneras de dárselas, volvió a comer y allí sigue tan feliz.

Nos gustó especialmente la pasión con la que su mahout hablaba de ella, era verdadero amor y dedicación. Hay que decir que cada elefante tiene un único mahout, una persona con la que han alcanzado un alto nivel de confianza y una relación tan estrecha que pueden sin problema meterse dentro de la manada de elefantes. Son personas que viven casi 24h pendientes de su elefante y ésta en concreto que conocimos se dedicaba en cuerpo y alma a que Yai-Bua pudiera disfrutar de sus últimos meses y tuviera todo lo que quisiera, sin limitaciones.

El Elephant Nature Park también acoge otros animales, como búfalos, caballos, cabras o monos. Además cuenta con una zona para más de 500 perros y otra para unos 200 gatos que cuidan y tratan de dar en adopción. Nos sorprendió  y alegró saber que hay un buen ritmo de adopciones.

El eterno debate

Este artículo podría no acabar nunca, pues es un tema ampliamente debatido. ¿Cómo hacer un turismo responsable? ¿Se puede ayudar de verdad visitando algunos de estos sitios? ¿O mejor no apoyarlos ni fomentarlos y que cierren todos?

Lo ideal sería que ninguno de estos sitios tuviera que existir, que los elefantes vivieran libremente a sus anchas y quizá llegue un momento en el que eso pueda ser así si realmente nos concienciamos de esta problemática y hacemos algo para luchar por los derechos de estos animales.

Por desgracia a día de hoy hay muchos elefantes y otros animales que necesitan ser acogidos en refugios como este del que hablamos y que ya no tienen la posibilidad de volver a vivir en libertad. En este caso, el visitar un refugio y por tanto contribuir a su funcionamiento debería ser siempre algo positivo.

El tema se complica cuando algunas personas buscan lucrarse de esta situación y hacen que una buena acción para ayudar a los elefantes o un acto ingenuo para disfrutar de su majestuosidad, consigue justamente todo lo contrario sin que te des cuenta: fomentar el abuso y el maltrato animal.

Al igual que denunciamos esta actividad por ser completamente inmoral, ten en cuenta las mismas pautas si encuentras espectáculos callejeros con animales o un lugar donde sacarte fotos con animales a cambio de unas pocas monedas. Estos animales son explotados, enjaulados, encadenados y obligados a ser dóciles. Sé consciente y hazte responsable de lo que significa para esos animales el que te pares a tocarlos o sacarte una foto y no te quedes sólo con las apariencias.

¿Te sacarías una foto con un ser humano en esas circunstancias por diversión?

Por favor, no lo hagas con los animales tampoco. 

Pon tu granito de arena para que este sea un mundo mejor para todos.

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